miércoles, 3 de septiembre de 2014

Afrontando mi pérdida: Taller de duelo prenatal y perinatal. Málaga 25 de Septiembre.


Independientemente de cómo se produjo la pérdida de nuestros bebés y del momento en que sucedió (embarazo, parto, postparto), todas las mujeres que hemos pasado por esta traumática experiencia atravesamos un durísimo duelo y tenemos que lidiar con sentimientos y emociones tan complejas como la culpa, la soledad, la incomprensión de nuestro entorno, baja autoestima, etc.

En este taller, de forma clara, respetuosa, libre de juicios y prejuicios, abordaremos de forma práctica y vivencial las siguientes cuestiones:


¿Cómo podemos afrontar nuestras pérdidas para poder asumirlas?

¿Cómo vivir un duelo no reconocido por la mayor parte de nuestra sociedad?

¿Cómo abordar nuestro dolor?

Hablar de nuestra pérdida.

Afrontar sentimientos como la culpa, la ira, la incomprensión, la sensación de fracaso.

Reconexión con nuestro cuerpo.

Nuevo Embarazo.

Proceso de transformación y recuperación, aprendizajes.

Fin de duelo.


Taller para madres y padres que han sufrido una perdida pre o perinatal y para todas aquellas personas interesadas o que necesitan saber más sobre este tema.

Dirigido por Elena Mayorga, Licenciada en Filosofía y letras, Escritora, Experta en Crianza y en La mujer y sus emociones (embarazo, parto, puerperio, maternidad, duelo, etc.).

Creadora y editora del blog de apoyo al duelo perinatal y gestacional, Niños del Agua http://ninosdelagua.blogspot.com.es/
Codirectora y coeditora Revista Mente Libre http://www.mentelibre.es/
Creadora y editora de Palabras desde el Corazón: http://palabraselena.blogspot.com.es/

Lugar: Las jirafas saben bailar, Málaga
Fecha: Jueves 25 de Septiembre.
Hora: 18h
Precio: 15 euros, Parejas 20 euros. 
Inscripciones: hola@lasjirafassabenbailar.com o llamando al 649178855







miércoles, 13 de agosto de 2014

Historias de Nuestros Niños del Agua: Dana

Cada uno de nuestros hijos, incluso aquellos que pasaron físicamente poco tiempo con nostras, son los poseedores, por siempre, de nuestro Amor infinito. Todos ellos, también los que marcharon, tienen su lugar en nuestras vidas, su puesto en nuestras familias (el primer hijo, el segundo, tercero, etc.), y desde luego, una importancia enorme en la razón de nuestro Ser. Somos las madres, los padres, que somos, gracias a todo lo que nuestros sabios pequeños nos han ido enseñando a lo largo de nuestra vida.

Nuestros Niños del Agua fueron y serán, por siempre, nuestros hijos. Que se marcharan físicamente, no los aparta de nuestras vidas, no hace que desaparezcan de nuestro ser, no provoca que disminuya su influencia en nosotras. Ellos fueron, son, estuvieron. Ahora están en nuestro Amor, en nuestros corazones, nos han hecho más sabias, nos han ayudado a madurar, a transformarnos, a crecer, a Amar aún más, a ellos y a nuestros otros hijos, a las personas que nos rodean, a toda la humanidad, a tratarles a todos ellos, con todo el respeto, con todo el Amor del mundo.

Nuestros Niños del Agua fueron y serán, por siempre, nuestros hijos. Por siempre, seremos sus madres, sus padres y nuestro Amor, a pesar del tiempo transcurrido, seguirá incrementándose, creciendo día a día, siempre desde el corazón y la razón.

Nuestros Niños del Agua fueron y serán, por siempre, nuestros hijos. Maduramos, asimilamos su marcha, seguimos con nuestras vidas, incluso, aprendemos a vivirlas más intensamente, con más plenitud, de forma más consciente y profunda.

Nuestros Niños del Agua cuando se marchan, tocan nuestros corazones, nos conmueven, nos aportan infinito Amor y conocimiento, como podemos ver y leer en la bella y emotiva carta dedica a la preciosa Dana, que su madre, Eva Blanco, ha tenido la gentileza de dejarme publicar.

Dana, la pequeña bebé que Eva perdió, aunque se marchara físicamente de su lado, siempre tendrá su lugar en su bella familia. Su madre, la amaba profundamente y lo seguirá haciendo por siempre. Dana existió, estuvo a su lado, y su recuerdo perdurará. Un recuerdo que irá transformando la pena, en Amor, el dolor, en Amor, el tiempo, en Amor, el recuerdo en Amor.



Carta de Eva Blanco a su pequeña Dana:


Esto no es una carta de despedida


Querida Dana, cuando quise empezar a escribir sobre todo lo que nos ha pasado mi primera idea fue escribirte una carta de despedida. Después me di cuenta de que, aunque ya me despedí de ti, vuelves a mi cada día, quizás porque no quieres irte, y porque yo no quiero que te vayas. Vuelves a mi cada vez que te recuerdo, y cada vez que alguien en la calle me niega tu recuerdo... Esos "eres joven, ya vendrá otro" que ya he oído demasiadas veces. Cada vez que lo oigo siento que vuelves e intentas gritarles que sigues aquí conmigo, que vendrá otro pero no para suplantarte, sino para acompañarte, para acompañarnos. El día en que supe que eras una chica y te pusimos nombre me quité un gran peso de encima, porque lo que no se nombra no existe. Fue el día en que sentí que por fin podía despedirme de ti, pero a su vez fue el día en que te hiciste real, tan real que nunca te has ido. Te has quedado aquí conmigo para luchar por tu memoria, por la memoria de todos esos bebes que se fueron antes de nacer. "Hijos a medio nacer" os llama Galeano, y que duro suena, tan duro como cierto. Porque aunque no hayas venido al mundo, si has llegado a mi mundo, y has venido para quedarte. Has trastocado mi mundo, no se si lo has hecho mejor o peor, seguramente mejor, pero lo has cambiado tanto que ya nunca será como antes. ¿Cómo voy a pasar pagina y no volver a pensar en ti? Contigo empiezo una nueva vida, una vida que empezó con dolor pero que es una nueva vida, y la acepto tal y como es, así como te acepto a ti tal y como eres, tal y tal como quieres acompañarme.

martes, 8 de julio de 2014

Nombrar la muerte


Hace unos días entablé una interesantísima conversación con una desconocida. En un momento dado, señalando a mi niña, me preguntó si no tenía más hijos. Le contesté, que había tenido otra niña, pero que había muerto muy chiquitita.

La respuesta que le di a la chica me sorprendió. Por lo general, cuando hablaba de mi pequeña Luna, siempre solía decir que había perdido una hija, que se había marchado, que se fue, pero nunca había pronunciado en voz alta la palabra "muerte" para referirme a ella y menos, delante de una persona con la que no me unía ningún lazo de amistad.

Por supuesto, soy consciente, desde que sucedió, de que mi hija ha muerto, pero, supongo que decirlo de viva voz, pronunciar la palabra "muerte", me resultaba demasiado crudo, demasiado duro. Ahora, comprendo que poder hablar y nombrar la muerte de nuestros hijos forma parte del proceso del duelo. Tenemos que estar emocionalmente preparadas para poder pronunciar una palabra tan tabú y de consecuencias tan definitivas.

Más de una vez, he leído reproches o incluso me han preguntado que porqué las Mamás y Papás del Agua buscamos otras formas de nombrar la muerte. (Parece que al no estar nuestro duelo reconocido, siempre tengamos que estar justificándonos, incluso, somos censuradas por no poder pronunciar, verbalizar, una realidad tan desoladora como la muerte de un hijo.)

Para nombrar la muerta, máxime de nuestros bebés, tenemos que sentirnos con la fuerza emocional suficiente como para poder hacerlo. Lo haremos, pero sólo cuando nuestro consciente y nuestro inconsciente estén preparados para poder asumir la realidad de que nuestro bebé murió.

La partida, la marcha, la pérdida, de alguna forma nos parecen temporales. Cerramos los ojos, nos dormimos y anhelamos que a la mañana siguiente, al abrirlos, todo haya sido una pesadilla. Soñamos, con que nuestro bebé siga ahí en nuestras entrañas o ya haya crecido y esté revoloteando a nuestro alrededor jugando y riendo. Sin embargo, no está ahí, se marchó, partió, se fue…por desgracia, murió.

Asumir la muerte y más de un hijo, conlleva mucho tiempo, mucho esfuerzo, muchos procesos conscientes e inconscientes. Una vez más, tenemos que pedir respeto, pedir que no nos juzguen y que nos dejen vivir los tiempos de nuestro duelo sin presionarnos, sin forzarnos.

Por supuesto que sabemos que nuestros pequeños han muerto. Pero, una cosa es saberlo y otra es asumirlo y estar preparada para verbalizarlo.


Texto: Elena Mayorga


martes, 24 de junio de 2014

No estás sola

Has perdido a tu bebé, has pasado por un proceso físico y emocional durísimo y además de tu angustia y de tu profundo dolor, te sientes sola, triste e incomprendida.

Hablas, pero sientes que casi nadie quiere escucharte.

Lloras, pero pocas personas quieren contenerte.

Sufres, pero no encuentras cobijo.

Sin embargo, no estás sola, somos muchas las madres, los padres, que sabemos por lo que estás pasando, cada una portando nuestro propio dolor, pero Todas, compartiendo el mismo, la muerte de un hij@, la pérdida de nuestro futuro común, la marcha de ilusiones y esperanzas.

No estás sola, muchas mamás, muchos papas, te comprendemos.

No estás sola, muchas mamás, muchos papás, hemos pasado por una experiencia similar y podemos acompañarte en tu duelo.

No estás sola, tu bebé siempre estará contigo, en tu corazón, en tu alma, en tus recuerdos y también, en los nuestros.

No calles, habla, busca personas con las que poder hablar de tu pena, con las que poder compartir tus recuerdos. Personas, que te escuchen sin juzgarte. Personas, que te acompañen con su presencia, con su arropo, con su comprensión. 

Habla, escribe, transmite tus recuerdos, comparte tu dolor, permite que te acompañemos en tu pena.

Si sientes que necesitas llorar, hazlo, no te frenes, llora lo que tu cuerpo y tu mente necesiten.

Con ayuda, con apoyo, con tu fuerza interior (ahora tal vez te parece que no existe, pero, te aseguro que la tienes), transforma tu sufrimiento en Amor y en comprensión.

No estás sola, muchas personas, te comprendemos, te acompañamos y te apoyamos.

viernes, 23 de mayo de 2014

Cuando llega la melancolía

Hace dos años, en Mayo, sobre el 18, tendría que haber nacido mi pequeña Luna, sin embargo, no pudo ser, estaba tan profunda y fatalmente enferma que su marcha se produjo varios meses antes de esa fecha.

Cuando echo la vista atrás y veo todo el camino recorrido, todo lo vivido, el profundo pozo que hemos tenido que escalar para volver a la superficie de la vida, me inunda una profunda sensación de melancolía. Creo que siempre dolerán los sueños, las ilusiones que nunca pudieron ser, que jamás serán. Sé que no tendré a mi hija jamás en mis brazos, que no podré abrazarla, mimarla, acunarla, darle de mamar, reír con ella, verla jugar con su hermana, compartir nuestras vidas. La echo de menos, también añoro lo que no pudo ser. Sin embargo, también soy consciente de que esa nostalgia que albergo al recordar todo el proceso vivido no es negativa. Comprendo que estos destellos de melancolía, mi cuerpo,  mi mente y mi espíritu los utilizan como recurso para afrontar la muerte de mi hija, para recordarla, para sentirla y sobre todo para entender el inmenso Amor que albergo hacia Luna, mi Niña del Agua.

Mi melancolía es breve, una sensación momentánea que dejo que inunde mi cuerpo, que entre en mi mente y que toque mi alma. Cuando llega, no deseo ni rechazarla, ni apartarla, la vivo, la siento, la comprendo. Cuando llega, me dejo llevar por ella porque sé que me va a traer recuerdos que tengo que tener presentes, que tengo que asumir, que debo pensar y comprender.

Cuando perdemos a un ser querido, cuando estamos preparadas y emocionalmente maduras, para llegar a alcanzar, en nuestras vidas, serenidad y sosiego, tenemos que enfrentarnos y asumir nuestros recuerdos más dolorosos. Por supuesto, estos recuerdos siempre vendrán aparejados de sensaciones de melancolía, de tristeza, de nostalgia, pero, sabremos que podemos admitirlas e integrarlas en nuestro yo sin que sigan siendo dañinas para nosotras. Duele, siempre dolerá, ahora lo sabemos, pero el dolor lo hemos aceptado, lo hemos integrado y ya no nos impide avanzar y seguir nuestro camino. El dolor está ahí, no podemos obviarlo, pero sí que podemos desmontar la carga destructiva que le otorgamos y que nos impide seguir adelante, que nos ancla y nos esconde en un rincón y no nos deja avanzar. El dolor existe, siempre existirá, pero nosotras podemos cambiar la relación que mantenemos con él, asumiéndolo, enfrentándonos y afrontando nuestras vivencias más dolorosas y terribles.

La vida es un todo, un popurrí de Amor, alegrías, penas, dolor, tristeza, felicidad, risas, llantos, enfados, reconciliaciones, sensaciones, emociones. La vida es un todo y como tal, debemos tomarla, aceptando, sintiendo, emocionándonos y viviendo esa totalidad. 

Texto: Elena Mayorga
Pintura: Christian Schloe



lunes, 7 de abril de 2014

Reencontrarnos con nuestro cuerpo




Cuando perdemos a nuestros bebés nuestro mundo, en una fracción de segundo, se derrumba. Sentimos que nuestras vidas se paralizan y que nosotras, física y emocionalmente, desaparecemos.

No podemos, ni somos capaces, de reaccionar. Notamos hambre, pero no queremos comer. Advertimos  nuestros cuerpos agotados y agarrotados, pero no deseamos cerrar los ojos y entregarnos a un sueño cargado de pena, recuerdos y pesadillas. Nuestros pensamientos, recurrentes, siempre acaban vagando alrededor de las mismas ideas, de la pena, del insondable dolor.

En estas circunstancias, tras la reciente pérdida de nuestros bebés, nos vemos incapaces de concentrarnos en otras actividades, ideas o planes. Sólo existe el pasado, el presente nos abruma y el futuro lo sentimos vacío e imposible.

Estas sensaciones llenas de inactividad y desgana, nos mantienen ancladas, atrapadas en la apatía durante semanas o meses. Para comenzar a ponernos en movimiento, para lograr asumir nuestra pérdida y de esta forma, poder encontrarnos con nuestro presente y desear tener un futuro, resulta esencial recuperar nuestros cuerpos, reencontrarnos con ellos para reestablecer tanto con nuestro yo físico, como con nuestro yo emocional, una relación positiva y de reconocimiento.

El sentimiento de culpa que nos abruma durante un largo periodo del duelo, del que ya hemos hablado en otros artículos, no sólo lo experimentamos en el plano emocional, sino que también lo trasladamos al plano físico. Como consecuencia de la proyección de la culpa hacia nuestro cuerpo, muchas madres que hemos sufrido pérdidas, establecemos tras estas, una relación compleja con nuestro organismo, de no aceptación, como si inconscientemente, le culpáramos de lo sucedido.  

Todas tenemos que tener bien claro, independientemente de cómo sobrevino la pérdida, que ni nuestros cuerpos, ni nosotras, somos culpables de lo sucedido. En la vida existen, y se dan, circunstancias muy duras y adversas y por desgracia, a nosotras nos ha tocado vivir una experiencia extrema de la que nadie tiene la culpa.

Para superar esta culpa inconsciente que nos empuja a rehuir y no aceptar nuestro cuerpo, tenemos que reencontrarnos, o encontrarnos, con él. Aprender a conocerlo, a respetarlo, a cuidarlo con mimo, con cariño y con Amor. A medida que recuperemos la relación con nuestro organismo, y establezcamos con él un vínculo positivo, le estaremos proporcionando paz a nuestro espíritu, y a nuestro yo consciente e inconsciente.

Tenemos que volver a conocernos, apreciar nuestro nuevo yo, la nueva mujer en la que nos hemos convertido y transformado tras haber sufrido un terrible trauma.
Para facilitar este reencuentro con nuestro cuerpo, para renovar, o recuperar, la relación con nosotras mismas, me gustaría recomendaros dos actividades que me parecen especialmente apropiadas para nuestras circunstancias: el baile del vientre y el Yoga (en especial el Kundalini).

Ambas actividades, nos ayudan a conectar con cada músculo de nuestro cuerpo, con cada hueso de nuestro cuerpo, con cada forma de nuestra femineidad relacionada con las circunstancias que acabamos de vivir: pelvis, caderas, útero, perineo, pechos, barriga … también cabeza, piernas, brazos, manos, pies, músculos, huesos…Todo nuestro cuerpo entra en movimiento de nuevo.

Nuestro útero, donde estuvo cobijado nuestro bebé, aún sigue ahí, debemos reintegrarlo en nuestra identidad, debemos volver a Amarlo y sentirlo parte de nosotras. Algunas madres, volvemos a desear que se llene de vida, por nosotras, y por nuestros futuros bebés, tenemos que mantener una relación sana y positiva con nuestro útero. También, con nuestra pelvis, con nuestras caderas, nuestros pechos, etc.

Las Mamás que no vayamos a tener más hijos, también tenemos que recuperar la relación positiva con nosotras mismas. Tenemos que volver a sentirnos vivas, tenemos que recuperar las ganas de bailar, movernos, agitar nuestras caderas, liberarnos de la apatía a través del movimiento.

Todas las mamás que hemos sufrido una pérdida, tenemos que volver a amar nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestro yo corporal y nuestro yo emocional.

Para ponernos de nuevo en movimiento, tenemos que empezar por ponernos en pie y dar un primer paso, luego otro, otro, otro …

Cuando te sientas preparada y con fuerzas, vuelve a poner en movimiento tu cuerpo y recupera tu relación con él.