lunes, 6 de mayo de 2013

Siempre hay luz al final del túnel

Cuando perdemos a un ser querido, más aún si es un hijo, nos sentimos morir nosotras también. El trauma y el shock son tan grandes que nuestra fuerza vital nos abandona y nuestras ganas de vivir, durante un tiempo, desaparecen.

Pasan las semanas, los meses y llega un momento en el que volvemos a sentir calor en el corazón y una tímida sonrisa aparece en nuestro agotado rostro. Poco a poco, la sangre vuelve a circular por nuestras venas, nuestros cuerpos necesitan movimiento y en nuestro interior vuelven a agolparse ideas, proyectos y esperanzas.

A pesar de la enorme ausencia y la terrible pena que sufrimos en nuestras almas, la vida se abre paso y nos pide que volvamos a sentirla. Llega el momento, para nosotras, de asumir nuestra pérdida, de hacer consciente el hecho de que nuestro bebé siempre vivirá en nuestros corazones y en nuestras almas, pero que jamás podremos tenerlo físicamente con nosotras.

El duelo va llegando a su fin (para cada una de nosotras en un tiempo indeterminado) y un nuevo camino se abre ante nosotras.

Nunca volveremos a ser las mismas, hemos sufrido una terrible y demoledora experiencia, pero, podemos y debemos permitir a la nueva mujer, siempre Madre, que somos, Vivir y disfrutar de los hermosos instantes que la vida nos depara: sonrisas, besos, Amor, esperanza, flores, bosques, perfumes, caricias, viajes, sueños, sonidos …

También tendremos que afrontar nuevos conflictos y momentos difíciles, pero tras todo lo aprendido en nuestra condición de Madre Mariposa, podemos enfrentarnos la Vida desde una nueva perspectiva, más serena, menos temerosa, más ecuánime.

Aunque haya momentos en los que no nos lo parezca, Siempre hay luz al final del túnel. Tenemos que recorrer plenamente ese túnel, atravesar todas las vivencias de su interior, no obviarlas, ni negarlas, afrontarlas para poder llegar al final. En el momento exacto en el que estemos preparadas para dar un nuevo paso en nuestra vida, para avanzar, la luz aparecerá. Al principio en forma de pequeño destello y, poco a poco, con el paso de los días y semanas, ese pequeño chispazo irá volviéndose más fuerte, más luminoso, más permanente.

Llegado el momento en el que hayas pasado por tu proceso de duelo, no temas volver a Vivir, déjate llevar por tus sueños y esperanzas. No te sientas culpable por volver a disfrutar, por sentir de nuevo. Recuerda, la pena y el dolor por el que pasaste siempre van a estar integrados en tu yo, en tu alma, siempre llevarás dentro de ti a tu ser querido y le dedicarás pensamientos, pero, no cargues por siempre estas evocaciones con dolor, tristeza y pesadumbre, cuando te encuentres con la fuerza suficiente siembra esos recuerdos de tu precioso bebé con mucho Amor, dulzura, serenidad y VIVE.

sábado, 20 de abril de 2013

Beatriz, Mamá de una Estrella




¿Podemos cuantificar el Amor? ¿Medirlo? ¿Pesarlo? 

Por supuesto que no. El Amor es un sentimiento sin fronteras, sin medidas, sin cantidades. El Amor es inconmensurable y el Amor de una Madre y un Padre hacia sus hijos aún más. 

Cuando concebimos, cuando gestamos, cuando adoptamos, el Amor emocional, sentimental se une al Amor fisiológico y biológico. El Amor de una Madre, de un Padre supera todas las barreras físicas y emocionales para convertirse en un Amor Universal, un Amor sin tiempo, sin medidas. Un Amor hacia tus propios hijos, hacia los de los demás, hacia la humanidad y todos los seres que nos rodean. 

A veces, ese Amor es tan potente que incluso debe superar una distancia física tan real y demoledora como la marcha de un bebé.  Sin embargo, y a pesar de la partida física de nuestro hijo, por siempre, eternamente, somos y seremos las Madres de nuestros bebés, de nuestros Niños del Agua. Por siempre, eternamente, les Amaremos con toda la fuerza y la pureza de nuestro corazón, de nuestro cuerpo, de nuestro espíritu. 

Os dejo con la conmovedora Carta que Beatriz Rodríguez, una dulce y tierna Mamá, le escribió a su estrellita. Una estrellita con la que pudo compartir poco tiempo físico, pero con la que compartirá un Amor profundo, eterno y Universal.

Para conocer más a fondo a la amorosa Beatriz y toda su fuerza y valentía de Madre os recomiendo que visitéis su blog.

Ilustración: Matteo Arfanotti


Carta de Mamá Beatriz a su estrellita

Un día tuve un sueño y en ese sueño estabas tú. Un día tuve un sueño….
Supimos de tu noticia en un día especial, tu papá cumplía años y ese fue su regalo. Ese sueño tan persistente parecía hacerse realidad. Te vivimos con intensidad, te cuidamos, yo te hablaba desde antes de saber que estabas, por si podías oírme y venir a mi desde algún lejano lugar y así lo hiciste.
Te velamos y te quisimos durante dos bonitas semanas. Elegimos dos nombres sin saber cual sería para ti, durante 14 maravillosos días. Imaginamos tus manos, tus ojos y tu piel. Imaginamos tu nacimiento y nos imaginamos contigo, creábamos un nido para ti.
Pero cuando apenas empezabas a vivir te fuiste sin decir adiós. Te fuiste muy en silencio, sin alborotar, ni un ruido, ni una mala noche. Te fuiste sin causarme dolor físico, tan solo me dejaste dolido el corazón. Nos dejaste con apenas 6 semanas de existencia para iluminar todas y cada una de nuestras noches, dejando un mar de lágrimas que nos inundó y nos arrastró hasta un lugar desconocido y solitario.
A él no le costó demasiado asimilar y digerir la noticia de tu marcha, pero a mí…. A mi aun me faltas tú, me dejaste un vacío que no se puede llenar. Nadie comprende mi malestar, creen que tu corta existencia no debe ser causa de tristeza, que no mereces un segundo en mis pensamientos y eso todavía me duele más. 
El dolor de una pérdida es siempre dolor, qué más da cuantos días haya latido un corazón, qué más da si eres pequeño, mediano o grande, ¿qué importa todo eso?
 Nadie lo comprende: ‘unas pocas células’ dicen.  ‘Es más fácil de asimilar que si fuera de más semanas’ opinan. ‘Era mejor así’ se atreven a comentar. ‘Eres muy joven’ dicen triunfales.
La sociedad que me rodea entiende que por ser una madre que no llega a la treintena la situación me duele menos, que pasará desapercibida a lo largo de mi vida, que no debo darle mayor importancia. La sociedad que me rodea no considera mi pérdida como una pérdida pero se animan a darme lecciones de vida y a insistir en mi juventud. A nadie se le ocurre decirle a la familia de un difunto de 80 años que ‘ya era muy mayor’, pero sin embargo se atreven a decir que mi bebé era muy pequeño y que yo soy muy joven.

Ahora ya no me dueles tanto estrellita mía, ahora me duele las personas que me rodean y que te rodearon durante tu corta existencia.  Esas personas que no merecían haberte conocido y que ya nunca sabrán de ti, al igual que yo, que me quedo sin lo mejor que podías darme.

Beatriz (Mamá de una estrellita)

viernes, 5 de abril de 2013

Las pérdidas son Todas desgarradoras, Entrevista a Elena Mayorga para Conoce Mi Mundo

Hace unos días, la conocidísima periodista venezolana y divulgadora de la Crianza Respetuosa, Berna Iskandar, tuvo la valentía de abordar, en su programa semanal, Conoce Mi Mundo, en la Cultural de Caracas, el acallado, por la sociedad, tema de las pérdidas gestacionales y perinatales.

Con una gran sensibilidad, pero sin tapujos, realizamos juntas un recorrido por el duelo y los estados de ánimo, los tabús, las emociones, la pena y el dolor por el que atraviesan Todas las mujeres que sufren una pérdida gestacional o perinatal, independientemente de cómo ésta se produce.

Berna Iskandar me dio voz en las ondas para hablar de un Tabú como es el de las pérdidas gestacionales y perinatales y el principal mensaje que quise transmitir es el de que Todas las mujeres, independientemente de nuestras circunstancias, nos desgarramos al sufrir una pérdida, Todas merecemos respeto y apoyo. Si una amiga, una hermana, una vecina o una compañera de trabajo sufre una pérdida, no la juzgues, no opines, préstale tu regazo, abrázala y acompáñala en su dolor.

Precisamente e hilando con esa necesidad de visibilización social y de apoyo, en el programa narré las circunstancias qué me empujaron a crear este espacio, Niños del Agua. Niños del Agua, surgió como proyecto terapéutico para servir de plataforma de apoyo y acompañamiento a todas las mujeres, hombres y niños que han pasado por una pérdida gestacional y/o perinatal. Yo he perdido una hija, no tengo palabras para describir el dolor que esto supone.

Para concluir el programa y en una atmósfera de sororidad, también hablamos de la importancia de la comunicación y de la cooperación para que todas las mujeres, Todas, tengamos el amparo de la ley y el apoyo de la sociedad para ejercer en libertad nuestros derechos.


Desde aquí sólo puedo darle las gracias a Berna Iskandar por su delicadeza, por su profesionalidad y por habernos prestado voz a tantas mujeres profundamente heridas y silenciadas.

Puedes escuchar aquí el programa.




Para conocer más sobre el magnífico trabajo de Berna Iskandar te invito a que visites su blog “Conoce Mi Mundo”. También puedes seguirla por Facebook y en Twitter @conocemimundo

martes, 26 de marzo de 2013

Cómo abordar nuestro dolor más profundo


Cuando sufrimos la pérdida de un ser amado, tanto nuestro cuerpo como nuestra mente experimentan un terrible trauma. Las hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina inundan nuestro organismo, nos sentimos ansiosas, agotadas y abatidas, además, nos cuesta dormir, concentrarnos y pensar en algo diferente a nuestra pena. Durante días, nuestra mente, exhausta, no puede parar de recrear las vivencias por las que acabamos de pasar sometiéndonos a una verdadera tortura emocional: ¿Por qué a mí? ¿Hice algo mal? ¿Estoy teniendo una pesadilla? ¿Cómo voy a poder vivir sin mi bebé? ¿Qué puedo hacer? …

Para poder aliviar nuestro cuerpo y nuestra mente tenemos que darle salida a todo el dolor que hemos acumulado, tanto física como emocionalmente.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, lo primero que podemos hacer es verbalizar nuestro dolor, resulta de vital importancia, para poder superar el duelo de una forma sana, el hablar de nuestra pena, comentar con otras personas, comprensivas y sustentadoras, cómo nos sentimos, en qué pensamos, cómo nos encontramos emocional y físicamente.

Hablar, verbalizar, llevar algo de luz a nuestra tristeza, nos proporciona un poco de desahogo y nos ayuda a no sentirnos tan solas y perdidas en esta Vida que sentimos tan injusta y que nos ha arrebatado lo que más amábamos y anhelábamos, la presencia de nuestro bebé. La empatía con la que nos respondan nuestros confidentes será proporcional al alivio que podamos sentir. Cuanta más empatía y comprensión, mejor efecto tendrá el hablar en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

Sin embargo, aunque el hablar de nuestro sufrimiento y verbalizarlo mitigue nuestra pena (sobre todo si contamos con interlocutores empáticos y sustentadores), las raíces del dolor, recias y recónditas, se hunden y esconden en nuestro inconsciente más profundo y son muy complejas de hallar y aliviar.

Para poder sanar nuestro sufrimiento, tenemos que acceder a ese oscuro y secreto escondrijo de nuestro yo, de nuestra mente, de nuestra psique. Existen muchas formas de realizar esta búsqueda interior, este difícil y necesario trabajo de introspección. Cada una de nosotras debemos buscar la manera que más nos conmueva, la que a nosotras nos funcione y nos permita sacar a la luz y hacer consciente nuestras emociones más profundas e inconscientes.

Para acceder y visibilizar estas emociones escondidas en nuestra sombra, podemos utilizar técnicas físicas, técnicas mentales y/o la combinación de ambas. Entre estas útiles herramientas, destacamos el Yoga, la danza, la biodanza, el Taichi, el senderismo, la meditación, las relajaciones guiadas, la música, la costura, la pintura, la escultura, la escritura, la jardinería, la cocina, y un largo etc.

Estas técnicas nos ayudarán a acallar nuestro pensamiento, a concentrarnos en lo que estamos realizando de tal forma que, súbitamente, aflorarán a nuestro consciente las preocupaciones y emociones que más daño y dolor nos están causando. En un duelo, el poder visibilizar y trabajar estos sentimientos negativos resulta de fundamental importancia.

Para poder asumir nuestra pérdida, tenemos que empezar por trabajarla y comprenderla. Para asumir nuestro dolor, tenemos que buscarnos, encontrarnos, conocernos y aceptarnos tal y como somos, incluidas las experiencias terribles por las que acabamos de pasar. Esto conlleva mucho esfuerzo y tiempo, para cada persona los suyos propios.

No quería dejar de mencionar aquí los beneficios adicionales que reportan, para las personas en duelo, técnicas como el Yoga, el taichí, la biodanza, el senderismo y muchas otras. Estos métodos de autoconocimiento en los que se combinan movimientos físicos y concentración mental, al impulsarnos a que nos movamos, sudemos y hagamos ejercicio, realizan una magnífica labor de limpieza en nuestro organismo facilitando la eliminación de la toxicidad acumulada por el continuo bombardeo de las hormonas del estrés. El llorar nos permite que a través de las lágrimas nos deshagamos de mucha de esta ponzoña, pero el caminar, movernos, accionar nuestros músculos, huesos y articulaciones, también suponen, además de un reencuentro con nuestro cuerpo, una vía rápida para eliminar esa toxicidad y para generar otras hormonas que, gracias a sus efectos calmantes y euforizantes, nos infunden un mejor ánimo.

Si estás pasando por un duelo, sacar a la luz tus emociones y sentimientos más escondidos puede serte de gran utilidad para superar el proceso. Elige tu propia vía, la que más te llene y busca tu propia forma de expresión artística, mental y/o corporal para visibilizar y sanar tu sufrimiento más profundo.

viernes, 15 de marzo de 2013

Un ritual de despedida: Honrando a Daniel y Luna


Hace unos días honramos, en un amoroso ritual, la marcha del pequeño Daniel, el bebé de Carmen y José, hermano de Pablo, y también, la de nuestra linda Luna, que ya hace un año que nos dejó. 
 
Podéis leer este emotivo post, en el blog de estos amigos, en el que Carmen cuenta esta conmovedora experiencia. 

Rodeadas de amigas, madres, padres y niñ@s, arropamos a la familia del dulce Daniel en su dolor, la cobijamos, la apoyamos, lloramos con ellos y apelando a los cuatro elementos: Agua, Aire, Tierra y Fuego, transmitimos la importancia y la trascendencia que han tenido en nuestras vidas, y que siempre tendrán, nuestros Niños del Agua Daniel y Luna.

Para simbolizar el Agua utilizamos barcos de papel con mensajes para Daniel y Luna, y los dejamos marchar, en un suspiro, por los meandros de un riachuelo. 

Para honrar la Tierra, recogimos arena de nuestras bellas playas españolas, arena que sus padres han mezclado con ancestral tierra peruana, país donde ellos residen en la actualidad y en el que nació, y sólo vivió dos horas el pequeño Daniel. 

Al Aire enviamos nuestro Amor para con ellos en unos delicados  y hermosos globos de Papel, uno para Daniel, uno para Luna. 

Dejamos para el final el ritual del Fuego, cada amiga desde el interior de su corazón, le preparó algo muy especial a nuestros queridos bebés: una caja artesanal, unas bellas palabras, el regalo de una cualidad con la que sus madres puedan seguir adelante la vida, una maravillosa danza trascendental de mujer para mujeres, flores guardadas desde el nacimiento de sus hijos, dibujos preciosos, y yo le escribí un poema a nuestra querida Carmen y a todas las madres de la Humanidad, todas las que fueron, todas las que son y todas las que serán. Un poema para transmitirle todo lo que he aprendido y comprendido en este desgarrador año que ha pasado tras la marcha de mi chiquitina, mi esperada Luna. 
La maternidad, a veces, toma extraños caminos, caminos duros, difíciles y diferentes, en los que los bebés sólo comparten físicamente con nosotras algunos instantes de la eternidad, sin embargo, hoy sé que el Amor Maternal es infinito (por supuesto, también el Paternal) y que no hay barrera física que impida que este Amor se incremente cada día. Cada minuto que pasa amo más a mis hijas, a la que está conmigo y a la que se fue, ese Amor es inquebrantable y eterno; y ni la muerte, me lo arrebatará jamás. Ellas y yo estamos y estaremos unidas por siempre en el Amor. 

Las madres debemos recuperar nuestro instinto, la conexión con las madres que nos precedieron, con las que son a la vez que nosotras, con las que serán. Las madres tenemos que apoyarnos, cobijarnos, arroparnos, acompañarnos y amar a nuestros hijos e hijas, a tod@s. 

Os dejo a continuación el poema que leí antes de encender un fuego liberador, sanador, con el que nos fusionamos con todas las amigas que allí estábamos, las Madres de la Humanidad, las Hijas de la Tierra. Gracias a todas esas maravillosas Madres que hicieron posible un homenaje tan sentido a la Vida y a todo lo que nos están enseñando nuestros anhelados Niños del Agua Daniel y Luna.
Sólo me resta decir que el poema lo escribí desde mi alma quebrada para una querida amiga a la que también se le rompió la suya.  


Hijas de la Tierra

Somos las Hijas de la Tierra,
las Madres de la Humanidad.
Somos las Madres del ayer,
del hoy,
del mañana,
de las y los que se fueron,
de las y los que son,
de las y los que serán.

Somos las Madres Agua,
Fuego,
Aire,
Tierra,
Cosmos,
Humanidad.


Bajo el sol,
bajo la Luna,
Todas somos Una.
Las ancestras,
las presentes,
las futuras,
Todas somos Una.

Somos las Hijas de la Tierra,
las Madres de la Humanidad,
unidas para cobijar,
unidas para Amar,
a nuestras hijas,
a nuestros hijos,
a las/los que se fueron,
a las/los que son,
a las/los que vendrán.

Somos las Hijas de la Tierra,
las Madres de la Humanidad.